Esto significa que sin darse cuenta, muchos padres están dándoles a sus hijos todo lo que ellos no tuvieron. Pero vivimos tiempos distintos, y la fórmula actual requiere de acuerdos o negociaciones, donde cada decisión podría tener sus consecuencias.
Educar no es dar todo, es preparar para la vida. En los aviones, la instrucción es que primero te pongas tú la mascarilla para poder ayudar al de al lado. Sin embargo, en la práctica diaria, muchas mamás hacen todo lo contrario: primero se la ponen al hijo, aunque ellas se estén quedando sin aire.
Es común ver que el hijo tiene el mejor teléfono, mientras la mamá usa aquel que va “sobrando”, el que queda disponible cuando el resto de la familia lo desocupa. Los hijos deben aprender que no siempre tendrán lo mejor, necesitan saber que en la vida habrá límites, pues parte de crecer es saber afrontarlos con respeto y responsabilidad.
Muchos de estos niños, al no tener límites ni frustraciones en casa, se vuelven insoportables. Se les deja en la escuela esperando que los eduquen, pero la educación no se delega. La verdadera formación se da en casa, todos los días, con el ejemplo, la disciplina y el amor firme.
Por eso, no temas marcar límites ni exigir respeto. Visualiza a tu hijo como el adulto que algún día será. Sé una madre plena y consciente que educa con claridad, y desde ahí, transforma su hogar.
No dudes en los valores que le transmites: perseverancia, empatía, esfuerzo, generosidad. Esas semillas florecerán, aunque hoy no lo parezca.